Al llegar a la ciudad nos estaba esperando el director de la academia y algunos de los alumnos del curso. Se sumaron también alumnos de otro curso.
Después de presentarme, les expuse mi experiencia del alhzeimer, y veía que mis oyentes, cada vez más, se veían implicados en la enfermedad porque asentían todo lo que yo les comunicaba. Hubo momentos de emoción, y los asistentes, después de la exposición, hicieron preguntas sobre la enfermedad y los medios con los que cuentan los cuidadores.
Acabó la sesión, y cuando volvía hacia Jódar, reflexionando un poco sobre lo ocurrido, y lo bien que me habían tratado los asistentes, se me ocurrió lo siguiente: se tiene que hablar de esta enfemedad a todo el mundo, y es bueno que se dé a conocer esta dolencia casi desconocida, porque el alhzeimer es cosa de todos.
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